sábado, 26 de junio de 2010

El pensar y lo pensado

A lo pensado pertenecen no sólo los contenidos del pensamiento, sino también las categorías de la razón y el sujeto del pensamiento en tanto se reconoce a sí mismo como pensado, como cogito.

Pero, el pensar como principio no se reduce a nada de eso. Pues, así como la unidad que puede contarse como un número entre los números no es la unidad esencial que sustenta todo número, así, lo pensado por el pensamiento no es el pensar como tal.

Por eso, un pensar que se piensa a sí mismo sin eclipsarse en lo pensado, se descubre como apertura y lugar de pasaje hacia aquello que lo interpela desde más allá de lo pensado.

Así, pensar el pensar como principio es vislumbrar la visión que nos ve en el ojo con el que vemos.




martes, 22 de junio de 2010

Lo inteligible más allá de la razón

Por confundir inteligibilidad y racionalidad, la filosofía occidental de orientación racionalista desembocó en dos concepciones igualmente obtusas acerca de lo real:

Aquella que asume que lo real está constituido conforme a las leyes y categorías de la lógica; y aquella otra que postula que lo real en sí, la 'cosa en sí', es totalmente incognoscible.

Esas nociones, aunque antitéticas entre ellas, parten de un prejuicio común: la asimilación de lo inteligible a lo racional.

Sin embargo, la idea, lo inteligible, no se reduce a lo que puede ser articulado mediante las conceptualizaciones de la razón. De ahí que el universo pueda ser aprehendido en su esencial inteligibilidad mediante modos de comprender que no son racionales y sin embargo son plena y totalmente intelectuales; tales como la conciencia simbólica y la imaginación.

Para el comprender simbólico e imaginativo, es decir para el pensar ideoplástico, las cosas mismas -lo real- no son necesariamente racionales, ni tampoco incognoscibles, sino que son epifanías de su idea. Dicho de otro modo, son apariciones mediante las cuales lo real manifiesta su idea, su inteligibilidad, en formas correspondientes a las posibilidades de comprensión de aquél frente a quien aparecen.

Así, comprender es estar comprendido en una relación de intimidad con las cosas.

Por eso hay un conocimiento genuino de lo real en las formas del arte y en la captación estética de la naturaleza; y también en los ritos iniciáticos y religiosos; así como en las ciencias simbólicas e imaginativas; por ejemplo, en la astrología y la magia.

lunes, 14 de junio de 2010

El vino filosófico y su cura

"No hemos de creer, pues, que en el mundo inteligible los dioses y los seres bienaventurados contemplan proposiciones, ya que todas las fórmulas de ese mundo no son otra cosa que bellas imágenes, tal como se representan las que hay en el alma del hombre sabio, y no en verdad diseños de imágenes sino imágenes reales. De ahí que dijesen los antiguos que las ideas son seres y sustancias"
Plotino {Eneada V, 8-5}

La filosofía, aquí nos referimos a aquello que en Occidente se comprende como tal, es, sin duda, un camino excelso. Pues, en ella se anudan el arte pensar y la orientación esencialmente escatológica del alma humana.

Pero, ese camino peculiar, en el cual se dan cita, no siempre de manera feliz, el goce y la verdad, es como un buen vino que entrega lo mejor de sí mismo a condición de que se lo sepa dejar a tiempo...

Ahora bien, cuando alguien, un individuo o un grupo e inclusive una cultura, ha avanzado demasiado en dicho camino, al punto de que ya no le resulta posible abandonarlo, entonces, es necesario curarse de la filosofía.

Curarse de la filosofía no es, para nosotros, despreciarla; ni tampoco refugiarse en un silencio místico con respecto a las cuestiones 'últimas' (éskhatos), ni -menos todavía- complacerse en la impotencia del nihilismo, sino despertar y cultivar una conciencia simbólica. Una que encuentra la idea, lo inteligible, ya no en el pensar dialéctico sino en el pensar ideoplástico. Es decir en la naturaleza y el arte, en los ritos y la mitología, en las ciencias sagradas y la religión.

Esa cura nos conduce por un camino complementario que, si bien escapa a las exigencias de la racionalidad filosófica, no deja de ser 'intelectual' en el sentido más elevado del término.


jueves, 10 de junio de 2010

Ex analogia, analogatum


Ex analogia, analogatum
: por la analogía, lo analogado. Y análogamente: por las manifestaciones, los principios.

Es decir, por las manifestaciones comprendemos los principios de los cuales resultan y a los cuales, por analogía, manifiestan.

Eso está implícito en la conocida sentencia: conócete a ti mismo.

Y está en juego, también, en la más alta filosofía; es decir aquella en la cual el pensamiento alcanza lo impensable; por ejemplo en Plotino; ya que no lo alcanza como un objeto del pensamiento sino como principio del pensar.

Pero la analogía se extiende a la vez, si puede decirse así, horizontalmente. Pues, diversas realidades que manifiestan, cada cual a su modo, el mismo principio, han de tener necesariamente alguna identidad en común. Por eso los seres resuenan internamente los unos en los otros.

Así, la analogía opera en los dos ejes, vertical y horizontal, de la cruz del universo. Y permite esclarecer o al menos vislumbrar la trama de correspondencias que lo define.

Esa es la clave de la gnosis y la magia. Pero es también el fundamento de una genuina terapéutica del alma. Una en la cual los hombres, reconociéndose unos a otros en su principio común, se ayudan recíprocamente a retornar a su Origen.