martes, 31 de agosto de 2010

El tiempo y la libertad

"Aquél que pierde su tiempo, pierde todo"
Sheij At-Tadili {1}

La libertad no consiste en elegir entre estas y aquellas cosas. Pues las elecciones, en tanto sean elecciones de cosas externas, es decir que no modifican al propio sujeto de la elección, y por muy libres que parezcan subjetivamente, no hacen sino mantener al ser en un extrañamiento de sí mismo; y por lo tanto en un estado de atadura y falta de libertad.

Pues, la verdadera libertad no consiste en elegir algo situado fuera de nosotros mismos sino en cumplir el destino personal; es decir, en realizar el propio ser.

Pero la realización del propio ser es un retorno a la fuente de dicho ser. Y si la realización del ser es un retorno, es porque el principio, la fuente, es, en sí mismo, un fin.

De ese modo, nuestra existencia singular constituye un ciclo inscrito en un círculo metafísico. Y en nuestro mundo ese ciclo, es decir cierto arco del círculo total, se manifiesta como temporalidad.

El tiempo, entonces, es la ocasión del retorno o del extravío. Y de comprenderlo, de comprender el designio del tiempo, depende que nos devore, como Cronos a sus hijos, o nos asista en la liberación.


Referencias

1) Del texto Ad Dinun Nasihat, en la revista Irfan, Nro 3, dirigida por Mahmud Housain (Bs. As. 1985),

domingo, 15 de agosto de 2010

El canto del pájaro o la libertad en el budismo

Una enseñanza budista dice {1} que cuando un pájaro enjaulado canta, las aves libres lo escuchan, se le acercan y lo rodean. Entonces, el pájaro, al ver a las aves en torno suyo, anhela la libertad y la busca como nunca antes lo había hecho.

En su contexto doctrinal ese relato alude al despertar de los estados superiores del ser, por efecto del recitado de la frase sagrada Nam Myoho Rengue Kyo {2}. Recitado que constituye la práctica espiritual central de la rama Nichiren del budismo japonés.

Desde una perspectiva teórica más amplia esa práctica se inscribe dentro de la ciencia de los nombres divinos. Ciencia presente en diversas tradiciones {3} como el Islam, el judaísmo, el hinduismo, el cristianismo; y por su puesto el propio budismo en sus varias corrientes y escuelas.

Ahora bien, un nombre divino nunca es denotativo; es decir no nombra lo divino como quien pone una etiqueta sobre un objeto para identificarlo; sino que establece de modo efectivo una relación, un lazo de empatía, entre los hombres y la naturaleza divina que habita en lo más profundo de su ser.

Así, el nombre divino no denota, no señala, no intenta identificar a lo divino dentro de los límites de la conciencia del hombre, pues entonces ya no se trataría verdaderamente de lo divino sino de conceptualizaciones e imágenes meramente humanas, en cambio, establece un vínculo con aquello que, como reza una enseñanza hermética, sólo el silencio puede nombrar {4}.

En el budismo ese vínculo es concebido como despertar ('buda' proviene del sánscrito budh, despertar, volver en sí). Es decir, despertar a la conciencia de la libertad inherente y esencial implícita en la naturaleza de la vida; y, de un modo privilegiado, en la condición humana.


Referencias:
1} En el escrito Sobre la forma de lograr la budeidad mediante el Sutra del Loto para aquellos que aspiran al camino por primera vez; incluido en Los escritos de Nichiren Daishonin, edición de la Soka Gakkai.

2} Frase que podría traducirse en nuestra lengua aproximadamente por 'Me refugio en la enseñanza del Sutra del Loto de la Ley maravillosa'. Aunque, en tanto nombre divino y práctica ritual, esa frase no se reduce a su semántica. Por eso, en rigor, no hay traducción legítima de la misma.

3} Por ejemplo, en el Islam se dice que Allah tiene noventa y nueve nombres manifiestos y uno oculto que sólo Él conoce. Y el recitado de los noventa y nueve nombres explícitos es parte de la práctica espiritual de varias cofradías sufís.

En el judaísmo la ciencia de los nombres divinos tiene una estructura homóloga. Pues hay un nombre impronunciable, el Tetragrama iod-hei-vav-hei, y numerosos nombres que aluden a diferentes atributos divinos e intervienen en el culto, así como en las meditaciones de la Kabbalah.

En el cristianismo las cosas se presentan de otro modo, pero existen correspondencias con las otras tradiciones. En San Pablo aparece una exaltación explícita del nombre de Jesús (Filipenses, 2-9, NT, Reina Valera); y a lo largo de los siglos en los monasterios, particularmente en la iglesia oriental, se ha practicado la recitación de dicho nombre como parte esencial del camino cristiano.

4} Poimandres libro I, Corpus hermeticum. En nuestra lengua hay varias traducciones y ediciones; entre ellas una parcial de Federico González en Hermetismo y Masonería (editorial Kier, Bs. As.) y una de editorial Edaf que replica la versión inglesa de Walter Scott: Corpus hermeticum y otros relatos apócrifos.


martes, 3 de agosto de 2010

Cogito ergo sum o la caricatura de Elea

La filosofía académica, a lo largo del tiempo, ha desfigurado de tal modo el pensamiento de los antiguos sabios griegos, que los ha convertido en autores racionalistas, todavía un poco rústicos pero semejantes en lo esencial a los pensadores modernos.

Sin embargo, existen indicios puntuales, además de los generales que provienen de atender a su propio universo cultural, de que esos sabios pertenecían a una u otra de las antiguas escuelas de Misterios. En las cuales no se impartía una enseñanza escolar sino una gnosis.

Parménides de Elea, padre de la 'escuela de Elea', comienza su famoso poema metafísico diciendo que quienes guiaban los caballos que lo conducían por la 'ruta de la diosa', la ruta que lleva a la 'luz', eran las 'hijas del Sol'. Y cuando hubo llegado a las 'puertas' que guardan los 'caminos de la Noche y el Día', la Diosa lo recibió, tomó su mano derecha y le entregó el 'corazón de la Verdad'.

¿Racionalismo? ¿pensamiento individual? ¿filosofía de autor?

El poema plantea luego la conocida identidad entre Ser y Pensar.

Con el tiempo esa identidad devino una caricatura, pues se convirtió en la consabida fórmula cartesiana cogito ergo sum: pienso, entonces, existo.

Aunque Descartes no intentaba, seguramente, emular a Parménides; puede decirse sin exageración que su fórmula es el resultado tardío de una degeneración y degradación de la enseñanza eleática.

Pues, en el horizonte de comprensión de Parménides, hasta donde podemos interpretarlo, no es cierto que el sujeto funda la certeza de su ser en la evidencia de que piensa, sino que piensa y es porque habita en el pensamiento del Ser.

Somos en el Principio, y ese principio es a la vez Pensar y Ser.


Referencias:
-Un libro interesante sobre los antiguos griegos, y en el cual se contempla su relación con los misterios , es 'La teología de los antiguos filósofos griegos', de Werner Jaeger (FCE, México).

-Dicho sea de paso, los wikipedistas han generado una entrada sobre Parménides muy seria y completa; aunque, lamentablemente, no incluye el poema.

-Una versión en español del poema fue publicada hace muchos años por Hyspamérica (distribuidores de Aguilar) en una antología titulada: 'Parménides, Heráclito. Fragmentos'.