martes, 28 de septiembre de 2010

La mujer y la luna

Esa mujer que inclina el cielo con su pecho y agita el mundo con sus caderas, esa que despide pájaros y mariposas de sus manos, la que pisotea la soberbia de los hombres y los embriaga hasta la locura con su danza ...

Esa mujer, diosa terrestre, mañana será carne putrefacta y huesos roídos.

Pero la luna, diosa celeste, permanecerá.

sábado, 25 de septiembre de 2010

Post mortem

Cuando los gusanos ataquen el cuerpo, se habrá derretido la vela;
pero la luz permanecerá.

lunes, 20 de septiembre de 2010

Versatilidad y muerte

La extensión de la verdad no puede ser abarcada, pero puede ser aprehendida su esencia.

Por ignorar esa distinción, unos caen en la unilateralidad y otros en el relativismo.

Los primeros piensan que la verdad puede ser definida; por lo tanto, aceptan sólo aquello que concuerda con su propia definición y al resto lo rechazan por falso. Los segundos piensan que la verdad como tal no puede ser afirmada por nadie; por lo tanto, aceptan sólo los derechos subjetivos y el imperio de las circunstancias.

Aquellos son ignorantes y violentos; estos son ignorantes y frívolos.

La cura para los violentos es una educación centrada en la versatilidad; la cura para los frívolos es una educación centrada en la muerte.

Unos han de comprender que tan pronto se traza una frontera entre lo verdadero y lo falso, algún aspecto de la verdad queda necesariamente al otro lado de donde se creyó poder encerrarla. Otros han de comprender que bajo el régimen de la subjetividad y las circunstancias, su propia vida, al final, habrá transcurrido en vano.

Ambas enseñanzas, la versatilidad y la muerte, son aspectos del dios Hermes y están cifradas, de uno u otro modo, en su simbolismo.

lunes, 13 de septiembre de 2010

Unificación o hegemonía

Proclo, en su metafísica {1}, traza una diferencia entre lo uno y lo unificado. Es decir, entre la unidad como tal, aquello que es uno per se, y lo que participa de la unidad pero es también, de algún modo, diverso o múltiple.

Luego, esa distinción originaria se traspone, por analogía, a diversos niveles del ser y del comprender, como una distinción entre principio unificador y realidades unificadas.

Más allá del profundo significado metafísico y cosmológico de la cuestión, reconocemos en la distinción entre el principio unificador y lo unificado un criterio de libertad y pacificación. Puesto que constituye un antídoto contra la imbecilidad y la violencia del pensamiento hegemónico.

El aspecto imbécil del hegemonismo es su incapacidad para distinguir entre, por una parte, la unidad del principio, y, por otra parte, la unidad, necesariamente heterogénea, de lo unificado.

Y su aspecto violento es la pretensión de alcanzar la unidad por la supresión de las diferencias inherentes a lo múltiple.

Ahora bien, si el principio unificador es, con respecto a lo múltiple, un verdadero principio unificador y no sólo una fuerza exterior de coacción, entonces, su actividad es interior a las realidades unificadas e inherente a su naturaleza.

Por eso, la unificación no suprime las diferencias de lo múltiple sino que las integra y coordina en una identidad y simpatía {2} que las trasciende.

En los seres conscientes el reconocimiento de la interioridad de un principio de unificación se conoce como asentimiento. El asentimiento se distingue del sometimiento precisamente por el carácter interior del principio al cual se refiere.

Y donde no hay asentimiento la unidad es sólo aparente y exterior. Por lo mismo, antes o después, las diferencias que pretende sofocar irrumpen como rebelión, cisma o disgregación.

Así, la imbecilidad y violencia del hegemonismo se reconoce no sólo en su punto de partida sino también en sus resultados. Puesto que, inexorablemente, termina por destruir aquello mismo que se esforzaba por lograr.


Referencias:

1) Proclo, Elementos de Teología, Aguilar, España, 1975.

2) La reunión de los seres en la simpatía e identidad de un principio unificador común, constituye el fundamento de las artes sagradas como la teúrgia y la magia. Al respecto, hay en Internet un bellísimo texto de Proclo sobre dichas artes y su fundamento: On the sacred Art (en http://www.esotericism.co.uk/proclus-sacred.htm)